Por Víctor Sánchez Baños

 

Es normal que quienes conocemos los tejemanejes de la economía en el país, preguntemos de dónde saldrá el dinero para cumplir con las promesas del presidente Andrés Manuel López Obrador. No se trata sólo de ahorros o de usar el dinero que se roban los políticos. Se trata de crecer económicamente y de tener una actitud responsable en materia económica y social.

El construir 100 universidades públicas en el país, es una acción que cualquiera en su sano juicio apoyará. La educación es la clave para salir de la mediocridad y levantar la vista a mejores niveles de vida.

¿Sin embargo, de dónde saldrá el dinero para esas universidades? Sólo hay un camino para lograrlo y es que el país crezca, mediane el estímulo a empresarios para crear empresas y empleos. Que estos trabajadores ganen buenos salarios y demanden productos lo que provocará la generación de más empresas, empleos y producción. Un círculo virtuoso, pues.

Las cien universidades no sólo necesitan edificios, laboratorios, auditorios, aulas, pupitres, mesas, oficinas, maestros, catedráticos, personal administrativo y, fundamentalmente, herramientas de investigación.

Para convertirse en una universidad, es necesario destinar recursos a la investigación. Esto se logra únicamente mediante convenios con empresas para que estas las subvencionen, logren obtener resultados factibles y rentables.

Al mismo tiempo, de esas 100 universidades, cuando menos de 3 a 5 deben ser universidades de élite. Sólo estudiantes con niveles educativos que estén en condiciones suficientes y sobradas para competir con egresados de universidades de cualquier parte del mundo. El resto pueden ser ocupadas por el resto de la población. La élite académica puede servir para permear al resto de las universidades.

No se trata de cantidad, sino de calidad. Ahí está el detalle, como difía Cantinflás, para lograr el mejoramiento de familias y la sociedad mexicana entera.

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@vsanchezbanos

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