Por Víctor Sánchez Baños

 

La tarde del domingo, en las casas de cambio de aeropuerto de la Ciudad de México, el Peso se ubicó en 20.00 pesos a la venta y 18.63 a la compra. Así recibió el mercado cambiario el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

No fue catastrófico como algunos agoreros de la desgracia estimaban. Francamente, si hubo algún descuento por la llegada del socialismo al gobierno mexicano, se hizo desde las primeras encuestas que señalaban la tendencia en favor de Andrés Manuel López Obrador.

El lunes, en las operaciones normales, el peso llegó a dispararse, pero dentro de niveles controlados. Minuto a minuto, se detectó inestabilidad del precio del Peso frente al Dólar. Es claro, que el péndulo cambiario lleva gran carga política, en la cual las señales del presidente López Obrador, están encaminadas a fortalecer la confianza del inversionista.

El precio del dólar es una señal, ya que es el reflejo de las inversiones en el país, así como la urgencia de proteger el dinero de los empresarios en condiciones de riesgo. No se ha detectado salida masiva de recursos. Se estima que alrededor de 1,500 millones de dólares salieron durante el año.

Sin embargo, no se considera como una respuesta a la elección de un presidente socialista después de que dejó el poder en 1976 Luis Echeverría Álvarez. Ese experimento del gobierno duró sólo un sexenio y fue desastroso ya que rompió las reglas de la economía que dañó a los más pobres.

En esta ocasión la elección presidencial no fue tomada por el empresariado e inversionistas como riesgosa, por lo que sólo se establecieron niveles bajos de deslizamiento del preso frente al dólar, pero con acciones pendulares que respondieron más a factores externos que a política nacional.

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