Firma invitada
El berrinche de Tesla, el freno artificial y la grilla detrás del Bajío
27 sep 2026, 06:00 · 3 min de lectura
Nos quisieron vender el cuento de que el futuro industrial de México dependía enteramente de los caprichos de Elon Musk y de la colocación de la primera piedra en Nuevo León. Qué ingenuidad tan cómoda para los burócratas de escritorio y qué gran cortina de humo para la clase política que vive de anunciar espejismos. Hoy, con el freno de mano puesto en ese megaproyecto y los ojos puestos en la especulación electoral estadounidense, la realidad se burla de los boletines de prensa oficiales.
Pero mientras los reflectores nacionales apuntan al norte buscando culpables, el verdadero juego de poder se mueve en silencio hacia el Bajío. Ahí es donde los gobernadores y los caciques locales juegan su propio ajedrez, frotándose las manos y midiendo fuerzas entre la promesa de atraer inversión extranjera directa y la cruda realidad de una infraestructura eléctrica e hídrica que se cae a pedazos. Nombres van y vienen en las mesas de negociación de Guanajuato, Querétaro y Aguascalientes, donde las alianzas entre secretarios de desarrollo económico y capitanes de la industria de la manufactura Tier-1 operan bajo una premisa implacable: aquí no se espera la bendición de ningún magnate extranjero para mantener las líneas de producción encendidas.
La verdad incómoda que nadie se atreve a pronunciar en las altas esferas del poder político es que el desarrollo industrial del país lleva rato caminando solo, a pesar de los gobernantes, no gracias a ellos. Mientras figuras de la grilla regional intentan colgarse la medalla de cada nueva planta maquiladora que llega a instalarse, los empresarios de piso y los proveedores locales sufren las ocurrencias de una política energética federal que asfixia y complica la operación diaria. La lectura es clara: el capital huye del drama mediático y de la retórica gubernamental hueca para refugiarse donde hay eficiencia operativa real. El que siga apostando su capital político a los caprichos de un corporativo internacional o a la foto oficial con el político en turno, simplemente sigue viendo el mundo a través de un folleto publicitario.