Por Víctor Sánchez Baños

En mis cuentas de redes sociales recibí infinidad de quejas y demandas de la mezquindad de muchas tiendas departamentales. Prendieron hacer su “agosto” en septiembre, tras la necesidad de víveres, lámparas, palas, picos, guantes, cascos.

Los mexicanos necesitaban ayudar y para ello acudían a las tiendas departamentales como Cosco o Sams, donde en algunos casos dispararon los precios.

En otras tiendas, como Home Depot, en lugar de disminuir el precio de herramientas las mantenían en lo mismo, sin importar que te llevaras una o varias. La solidaridad de estas tiendas fue mínima.

Sin embargo, no importó. Los mexicanos que querían ayudar, simplemente sacaban su tarjeta de crédito y a firmar. No importaba pagar después. Lo único válido era ayudar a los hermanos que estaban bajo los escombros.

Sin embargo, la vileza y bajeza de pocos, pero muy pocos, afloró y robaban lo que se llevaba a algunos de los centros de acopio. Otros, simplemente lo inventaban para que la gente de buena fe llevara alimentos y muchas cosas más.

El desorden, natural en este tipo de eventos, se entiende y se justifica. Lo que no es posible justificar es el robo de ayuda a quienes más necesitan ahora.

Sin embargo, ese control que pudo haber sido efectivo a través de instituciones gubernamentales, lo aniquiló el gobernador de Morelos, Graco Ramírez, al distribuir ayuda a nombre del DIF de esa entidad. Ojala y hayamos aprendido de esta tragedia.

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@vsanchezbanos

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