El presidente de la Mesa Directiva, Ernesto Cordero Arroyo, presidió la ceremonia conmemorativa del 104 aniversario luctuoso del Senador Belisario Domínguez Palencia, con una guardia de honor frente a la estatua del legislador chiapaneco, quien desde la Cámara Alta defendió los preceptos de la Revolución Mexicana, razón por la que fue asesinado en 1913.

Acompañado de la presidenta de la Junta de Coordinación Política (JUCOPO), senadora Ana Lilia Herrera Anzaldo, los senadores Roberto  Albores Gleason, presidente  y de la Comisión Medalla Belisario Domínguez, Gerardo  Flores Ramírez,  secretario de la Mesa Directiva; Manuel Bartlett Díaz, coordinador del Grupo Parlamentario del PT; Luis Sánchez Jiménez, coordinador del Grupo Parlamentario del PRD; Miguel Barbosa Huerta y Dolores Padierna Luna, el senador Cordero Arroyo montó guardia al lado de la escultura del senador chiapaneco, ubicada en la antigua sede del Senado, en Donceles, Centro Histórico.

Belisario Domínguez Palencia representa la legalidad y los valores democráticos propios de la Revolución Mexicana, pues en el Senado mostró su valentía para arremeter contra la dictadura de Victoriano Huerta.

En su trayectoria parlamentaria destaca el episodio del 25 de abril de 1912, cuando el senador chiapaneco rechaza la petición del gobierno de Huerta para que se autorice la ampliación de la permanencia de barcos de Estados Unidos en el Puerto de  Veracruz:

“En contra de la autorización que se nos pide, porque ella es un voto de confianza al gobierno que asesinó al presidente Madero y al vicepresidente Pino Suárez, porque es un gobierno ilegítimo y porque es un gobierno que ha restaurado la era nefasta de la defección y el cuartelazo”.

En la sesión del 16 de septiembre del Senado, rehúsa estrechar la mano de Victoriano Huerta a pesar de estar en la Comisión de recepción. Huerta trata de que pase inadvertido este hecho, apresurándose a entrar al recinto parlamentario entre traspiés que por poco le hacen caer, registran las crónicas periodísticas de la época.

El 23 y 29 de septiembre, los discursos que iba a pronunciar en el Senado son vetados por el Presidente en turno de esa Cámara, por su contenido crítico contra Huerta, a quien llama usurpador, asesino, traidor, “vergüenza nacional” y pide su renuncia.

“El pueblo mexicano no se puede resignar a tener por Presidente de la República a Victoriano Huerta, soldado que se adueñó del poder por medio de la traición y cuyo primer acto al subir a la Presidencia fue asesinar cobardemente al Presidente y Vicepresidente legalmente ungidos por el voto popular”. Sus palabras fueron impresas y difundidas entre la población.

El 7 de octubre de 1913, a las 11:30 horas, Belisario Domínguez es  sacado de su habitación en el hotel y conducido a una casa ubicada en Tacubaya; ahí es asesinado después de haber sido atormentado por los esbirros de Huerta, Gilberto Márquez, Alberto Quiroz, José Hernández Ramírez y Gabriel Huerta, quienes en las inmediaciones del cementerio de Coyoacán sepultan a flor de tierra el cadáver que habían intentado quemar.

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