Por Víctor Sánchez Baños

 

Se ha mencionado hasta el cansancio que el gobierno de izquierda que entra el 1 de diciembre pretende legalizar la mariguana para uso medicinal y para uso recreacional; para ponerse “pacheco”, como dicen en ese medio.

Estoy en favor de la legalización de la mariguana. Es más, de todas las drogas. Es la manera como terminaría la sorda lucha que ha dejado decenas de miles de muertos en el país, en una ola violenta que parece interminable.

Sin embargo, deben dictarse reglas claras y penalidades severas contra quienes traten de enviciar a menores de 21 años, edad en la que terminó de desarrollarse el cerebro del ser humano. Debe quedar claro que la mariguana no es una droga inocua o inofensiva.

Es un depresor del sistema nervioso que puede llevar a una disminución del coeficiente intelectual, o a daños neurológicos irreparables. Los usuarios deben ser mayores de edad y conocer, en base a información que proporcione el Estado, los daños y alcances de su consumo.

Legalizarla y que el control lo tome el gobierno, bajo estrictas medidas de control para evitar que los políticos lo conviertan en un negocio personal, arrojaría beneficios por más 3 mil millones de pesos, en ahorros policíacos y de hombres caídos en la lucha contra el narcotráfico de ese estupefaciente.

Los adictos consumirían drogas de menor riesgo a su salud ya que estarían bajo un control sanitario. Actualmente fuman insecticidas y otras substancias que aumentan su adicción y perjudica su salud con riesgos similares a los del tabaco y daños cerebrales.

Los adictos, deben recibir gratis las drogas y un servicio de apoyo siquiátrico y sicológico para disminuir o eliminar sus dependencias. Esa es responsabilidad de la sociedad.

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@vsanchezbanos

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