Por Víctor Sánchez Baños

La mula no era arisca, reza un refrán popular. Es por ello, que los mexicanos, a pesar que nos diga un político como Andrés Manuel López Obrador, quien recibió un bono democrático fuera de serie en la historia del país, que ahora sí habrá austeridad, dudemos.

Sí, estamos cansados de los abusos de nuestra clase política; esa clase dorada que abusa de la buena fe de los mexicanos y que, por si fuera poco, le pisotea sus derechos y el uso de sus recursos. Esa clase que, al robar el dinero del erario público, cancela las posibilidades de mejorar nuestras vidas. Sentencia, con su corrupción, a todos los mexicanos a vivir entre el desorden, la suciedad y la inseguridad.

No hay ninguna persona que se oponga a esa política de austeridad, que acabe con los despilfarros en casas, celulares, comedores privados, vinos de importación, guaruras para ellos y sus familias y hasta para los y las amantes. Mientras ellos viven en la opulencia, con salarios “republicanos”, el resto de los mexicanos tenemos que tronarnos los dedos para salvar la quincena y la colegiatura de nuestros hijos (si somos clase media), o hasta el micro, para la clase trabajadora más modesta.

Definitivamente, los mexicanos exigimos control sobre el gasto público que despilfarran en un 17%, del Producto Interno Bruto (todo aquellos que todos los mexicanos producimos en bienes y servicio) según análisis de organismos privados en México y el mundo. Aunado a la corrupción, con otro 8%, tenemos una cantidad gigantesca de dinero que serviría para construir más escuelas, hospitales y mejoras las vías de comunicación.

La ley de austeridad es fundamental impulsarla y es el avatar de López Obrador. Que no sea una golondrina que anuncie una primavera. Que sea permanente y sirva de señal para el resto del mundo, que los mexicanos somo honestos. No es mucho pedir.

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@vsanchezbanos

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