Por Víctor Sánchez Baños

Muchos padres de familia recibieron la lista de útiles escolares y libros de texto. Así, acompañé a un familiar a librerías y papelerías. Estas últimas, tenían algunas ofertas, pero las librerías tenían libros para niños realmente fuera del presupuesto de muchos padres.

Un insulto, auténtico a la inteligencia. Libros para lectura, carísimos. Unas 75 páginas en 150 pesos cada uno, de autores que difícilmente logran el 15% de la venta al público; las librerías se quedan con el 40% y el resto es para las editoriales.

Si acudes a una librería, no sólo te encuentras con los libros escolares fuera del alcance, sino todos los demás. Imposible adquirirlos. No hay información de librerías de segunda mano y estas tienen libros tan viejos que ya no son necesarios, si se pueden calificar.

En Finlandia, en un viaje que hice hace 12 años, fui testigo de la organización que tienen para impulsar la lectura a todas las edades. Claro que hay libros nuevos, en esa nación que es una de las principales productoras de papel en el mundo. Sin embargo, en las escuelas se reciben libros en donación para la lectura en las bibliotecas de cada plantel. Los niños que salen del ciclo escolar dejan sus libros de lectura y sólo se compran los de ejercicios académicos. Son gratis para los niños que así lo deseen. Todo para impulsar la educación.

Al mismo tiempo, las empresas proporcionan libros escolares nuevos y usados para los niños.

En México, una nación mucho más pobre, los padres tienen que comprar los libros nuevos, ya que hay tratos sospechosos entre directores de escuelas, editoriales y librerías, para impulsar la venta de libros. Un gran negocio, en un país donde los precios de libros no crecen con la inflación, sino con el dólar.

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