Por Víctor Sánchez Baños

Miles de millones de pesos que representan el Impuesto Especial contra el consumo del tabaco, que cobran a empresas tabacaleras y especialmente a los consumidores, no sirve para nada. Ni se aplica para campañas antitabaco, ni para la atención de las victimas del tabaquismo, cuyas muertes se incrementan cada año en forma alarmante.

En menos de dos décadas el número de fumadores se incrementó de 9 a 13 millones, mientras que las enfermedades asociadas a este padecimiento provocan más de 53 mil muertes al año, es decir, 147 cada día. Para el año 2020, según estimaciones de legisladores, el tabaco será la causa del 12% de las muertes a nivel mundial, incluso superior a las provocadas por VIH/Sida, tuberculosis, mortalidad materna, accidentes automovilísticos, homicidios y suicidios en conjunto.

Lo peor el caso es que un tercio de la población está expuesta al tabaco y en el centro del país, esta cifra crece al 50%, ya que es un detonante de enfermedades crónicas como cáncer de pulmón y gástrico y padecimientos coronarios, entre otras.

Lo peor de la adicción al tabaquismo es el mayor número de menores de edad que inician con el consumo del tabaco. Según estimaciones de la Secretaría de Salud, el número de consumidores de tabaco, menores de edad, se incrementa a un ritmo de 6.2% anualmente.

El Impuesto especial al consumo del tabaco, no se destina para el presupuesto de instituciones públicas de salud para tratar las enfermedades derivadas del tabaco, ni para campañas. Se va al gasto corriente.

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