Por Víctor Sánchez Baños

Analistas del sector público y privado, ven con optimismo el desarrollo de la economía mexicana y, por ello, han ajustado sus estimaciones financieras al alza.

La economía mexicana, dependiente de la estadounidense, percibe un elevado dinamismo de nuestros vecinos del norte, especialmente en su actividad industrial y las exportaciones de éste a varias naciones, incluidas México.

El más alentador indicador, es la demanda interna mexicana que tiene un mayor ritmo de crecimiento y una mayor dinámica en la demanda de bienes importados y de servicios nacionales pese a la pérdida de dinamismo de la demanda de bienes locales. Sin embargo, los ingresos de las empresas comerciales continuaron creciendo, pero a un menor ritmo.

La inversión se deterioró ante la contracción del sector de la construcción y el menor crecimiento de la transformación en maquinaria y equipo.

Entre abril y junio de este año, la economía mexicana mantuvo su tendencia a crecer al presentar 30 incrementos consecutivos; el PIB tuvo un crecimiento real anual de 1.77%, aunque menor al observado en el mismo periodo de 2016 (2.6%), a lo estimado por el sector privado (1.86%) y a lo previsto por el INEGI (1.8%). No obstante, mantiene su ritmo ascendente.

Es muy claro que hay una tendencia alcista en los macro indicadores económicos, pero todavía se mantiene un estancamiento en la economía doméstica, la tuya o la mía, que aún ve lejana una mejora en su poder adquisitivo.

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