Por Víctor Sánchez Baños

Vivir en la Ciudad de México, Monterrey, Guadalajara, Puebla y otras megalópolis, tiene un costo y muy elevado, especialmente para quienes viajan en transporte público o privado. Sea un automóvil o un autobús, el estrés es mayúsculo y, muchas veces, con consecuencias devastadoras en la salud, con impactos en la economía del país y de las familias.

De acuerdo con INEGI, del 2016, en la Ciudad de México existen 4.1 millones de automóviles circulando diariamente en la capital del país. Esto se traduce en una afluencia vehicular alta, la cual provoca altos niveles de contaminantes y que las personas pasen aproximadamente 59 minutos al día sentados frente al volante.

Para conocer sobre las reacciones y acciones de los automovilistas de la capital del país, encuestadora De las Heras Demotecnia descubrió que 51% de los capitalinos cree que después de treinta minutos ven afectada su estabilidad emocional, sin embargo, esto no provoca que quieran enloquecer mientras manejan. Otro dato importante es que el 64% de los encuestado ha vivido o sabe de alguien que ha chocado por la desesperación de avanzar, mientras que el 53% ha llegado a los golpes.

Como si esto no fuese poco, el 42% de los mexicanos conoce a gente que desgraciadamente ha atropellado a alguien por la imprudencia de querer librar el tráfico y el 28% de los encuestados ha vivido o sabe de alguien que se ha enfrentado a una riña con algún tipo de arma. Esto, sin contar el daño al sistema público de salud, que sería de miles de millones de pesos.

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