Por Víctor Sánchez Baños

Durante la campaña del ahora presidente Enrique Peña Nieto, dos fueron las promesas de campaña que impactaron en el electorado: bajar los precios de la electricidad y de los combustibles, entre ellos la gasolina.

Sin embargo, a pesar que el Congreso le entregó las reformas estructurales, especialmente la energética, no se logró aterrizar, en la sociedad, los beneficios del cambio en las reglas del juego del principal producto que genera el país: los combustibles.

Ahora sabemos que los precios altos en la electricidad, por ejemplo, generaron una cartera vencida para la Comisión Federal de Electricidad, de más de 32 mil millones de pesos.

Claro, los consumidores no pueden pagar las inalcanzables tarifas y, por si fuera poco, un cliente de ese monopolio (todavía) tiene una tarifa llamada “DAC” De Alto Consumo, entonces se vuelve un infierno.

Rompiendo las reglas del consumidor, esa compañía trata diferente a los consumidores. Muchas veces mediante sistemas tramposos y abusivos, ya que le dan ese tratamiento a una viuda que vive sola, como la de un alto consumidor.

Si el nuevo director de la CFE, Jaime Hernández Martínez, cambia su estrategia y disminuye las tarifas, captará más que tener cifras de deudas maquilladas para obtener créditos.

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